Te encierras en tu
cuarto, cierras la ventana, apagas la luz, enciendes el ordenador y eliges una
canción, una cualquiera, no te importa. Solo pones una condición, que no sea de
amor, no quieres escuchar nada romántico, ni un te quiero ni un ya no es así...
Le das al play, te pones los cascos con el volumen al máximo y te sientas a
escuchar esa canción elegida al azar... Después decides que con eso no te
vasta, que no quieres quedarte quieta. Te quitas los cascos y con el volumen al
máximo te pones a bailar, saltar, cantar, gritar... Puedes hacer lo que quieras,
al fin y al cabo, estás en tu mundo. Entonces ves la lucecita del móvil que
parpadea, un mensaje, miras el nombre: El... Pero no quieres abrirlo, no te
importa lo que diga, así que apagas el móvil y sigues así, aislada de todo y de
todos, porque eso es lo que quieres, no quieres enterarte de nada de lo que
pase a tu alrededor, ya podría explotar una bomba al lado de tu casa que no te
importaría, porque ahora es tu momento de libertad, tuyo y de nadie más. Y
ahora no importa que tu novio quiera verte, que tus amigos te estén esperando
para dar una vuelta o que tu madre te esté llamando a gritos porque no has
hecho lo que te ha dicho. No importa nada, eres feliz, y con eso, vasta.
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